Una nueva generación de mayores

La voz del anciano ha sido venerada desde los orígenes de los tiempos. La experiencia de los años vividos, conocer el origen y la historia de los antepasados, y el estar próximos a la muerte, les situaba en una posición casi mágica ante el resto de la comunidad. Eran quienes recordaban lo sagrado y la ley al resto del clan, y por ello eran venerados. Llegar a la ancianidad con una expectativa de vida bastante reducida en aquellos momentos, se convertía en privilegio de unos pocos pero sobre todo en un honor.
En la actualidad, inmersos en una sociedad capitalista de consumo donde todo se valora según lo que produce y se rinde culto a lo eternamente joven, la vejez ha pasado a ser un estadio de la vida al que se mira de reojo a la espera de que se produzca lo más tarde posible. Como si de nosotros dependiera.

Los ancianos en nuestra sociedad están discriminados y poco a poco, en medio de cierta resignación, esperan pacientes el fin de sus días. Han aumentado las expectativas de vida, existe una mayor protección social pero los mayores de hoy siguen estando al margen del poder que en su día tuvieron, de la consideración social y de la toma de decisiones. O al menos así era hasta ahora. Y decimos esto porque se empiezan a vislumbrar ciertos signos de cambio. Un grupo de mayores entre los mayores lucha por su autonomía y quiere recuperar su voz. El poder perdido.
Hasta ahora se englobaba a los mayores bajo la etiqueta colectiva de gente pasiva, carga social o familiar. Pero las cosas, como decimos, están cambiando y las generaciones futuras afortunadamente no serán así. Ya hay atisbos de ese cambio.

 

"En esta sociedad urbanita y desalmada se ha asumido que, al dejar de producir, hay que aparcar a las personas mayores para que no molesten" (J.C. García Fajardo, Profesor Emérito)
 

"Las futuras generaciones de mayores estarán en buena medida lideradas por mujeres. Ellas levantarán la voz y no resistirán la discriminación que hoy viven"
(Enrique Gil Calvo, sociólogo)

"Aunque no se puede generalizar -apunta el sociólogo Enrique Gil Calvo, autor de "El poder gris" (Mondadori)- porque como no hay dos vidas iguales no existen dos vejeces iguales y cada generación de mayores es distinta a la anterior, sí podemos asegurar que la generación futura nada tiene que ver con lo que antes señalábamos. Las futuras generaciones desarrollarán activismos de todo tipo hasta edades mucho más tardías. A los 75 seguirán al pie del cañón, se negarán a jubilarse, formarán asociaciones, reivindicarán, se movilizarán, darán mucha guerra. Y una cosa más, muy importante: las futuras generaciones de mayores estarán en buena medida lideradas por mujeres. Muchas de las actuales son analfabetas, han vivido toda su vida sometidas a los varones y no se atreven a levantar la voz. Pero las ancianas del futuro, que ya habrán tenido su vida con independencia económica o profesional del varón levantarán la voz muy por encima de la de sus coetáneos masculinos. Las próximas generaciones de mayores no resistirán la discriminación que hoy sufren, serán más activas y vivirán una relación de igual a igual con el resto de la sociedad".
Aunque son las actuales generaciones de jóvenes las que darán ese giro a la actual situación; ya comienzan a verse pequeñas rebeliones de mayores que deciden enfrentarse a la última etapa de su vida con otra filosofía ¿Cómo? Siendo ellos mismos, haciendo las cosas porque quieren, no bajo la obligación que les ha perseguido toda su vida. Reivindicando su parte en la sociedad. "No hay mayor provocación que ser uno mismo. Atreverse a ser, a discrepar, a gozar y a realizarse en armonía con el universo. El sabio acepta la realidad imponiéndole su sello: para hacer lo que queramos tenemos que querer lo que hacemos. Porque nada puede morir, tan sólo cambiar de forma. La existencia nada sabe de la vejez, sabe de fructificar. Ya tenemos lo que buscamos. Hay que despertar. Madurez significa que hemos llegado a casa. La madurez es la conciencia, el envejecimiento sólo desgaste. Todavía queda tiempo para cambiarse de tren", reflexiona en voz alta el profesor Fajardo que siempre ha defendido en primera persona esta filosofía de vida.
Así podemos encontrar a mayores que han decido estudiar a los setenta la cultura general que no pudieron adquirir en su día porque se vieron obligados a trabajar desde muy niños. Otros se matriculan en la Universidad de la Experiencia porque el saber no tiene fin. Aprenden idiomas como el árabe, sólo por curiosidad. Aprovechan las oportunidades que se les brinda -por ejemplo- desde el Imserso y recorren España, viajan por Europa, conocen otras culturas. Se dejan cuidar en los balnearios; organizan bailes o se asocian para juntos defender las tradiciones, el folclore o la cultura de un pueblo como legado para las próximas generaciones. Demandan calidad de vida, tiempo para ellos y luchan por sus propias ideas.

"Estos mayores seguirán al pie del cañón a los 75, se negarán a jubilarse,
formarán asociaciones, se movilizarán y darán mucha guerra" 
(Enrique Gil Calvo, Sociólogo)

Gil Calvo en su libro habla del "poder gris" y lo define como "una nueva actitud que ambiciona a hacer de la vejez un senda de autosuperación personal y ascensión civil. Es la voluntad de progreso que busca apoderarse del propio destino final, estrategia que en el futuro va a caracterizar a las próximas generaciones de mayores, muy alejadas del tradicional conformismo resignado que todavía paraliza a los que nacieron antes de la guerra". Se trata de una nueva forma de entender la vejez porque, como afirma Gil Calvo, ¿dónde está escrito que los mayores no puedan ser ambiciosos? §

 

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