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Cuando llegue a la vejez, déjame decidir por mi misma mientras pueda.
No me hagas hacer de madre de tus hijos. No me obligues a participar en
juegos absurdos ni me pongas una corona de papel ridícula el DIA de mi
cumpleaños. No me digas:-¡Ya te lo he dicho! , porque incluso esa frase la
olvidaré al momento. No me riñas como a un chiquillo si me hago las
necesidades
encima o derramo la comida por la mesa. No me pongas
excusas cuando haga tiempo que no
vienes a verme. |
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Los
cambios en la organización social que ha traído consigo la incorporación de
la mujer al mundo laboral han quebrado la fórmula tradicional por la que los
ancianos quedaban atendidos en la casa de los hijos (más habitualmente de
las hijas). |
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Pero en muchos hogares ya no es posible hacer
esto. En el mejor de los casos -las plazas son escasas, y las
residencias privadas, inasequibles para muchos pensionistas- el
anciano se ve obligado a mudarse a lo que antaño se llamaba
asilo, y que tantas connotaciones negativas tiene para muchos.
Teniendo en cuenta que la esperanza de vida cada vez se alarga
más y que va habiendo menos amas de casa -tradicionales
cuidadoras de los ancianos- el
problema que hoy se vislumbra puede ser muy agudo en los próximos años. |
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